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Entrevistas Antonio

Mirta Rodríguez, madre de Antonio Guerrero, uno de Los Cinco

MIRTA RODRÍGUEZ, ALMA MATER DE TONY GUERRERO

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MIRTA RODRÍGUEZ, ALMA MATER DE TONY GUERRERO

Por Hilario Rosete Silva

Mirta Rodríguez (La Habana, 1932) es el taller natural, la patria potestad, la universidad doméstica donde se forjó el alma de Antonio, Tony, Guerrero, Héroe de la República, uno de los Cinco prisioneros políticos del Imperio.

A punto de cumplir «73», se siente orgullosa de la alegre infancia vivida por sus hijos, Marucha y Tony, y considera, sin presunción, que parte de esa dicha experimentada por los niños se debió a su desempeño como madre, a su modo de abrirse y darse a la vida.

Todavía hoy, cuando ya pinta canas, a pesar del dolor que le produce la injusta condena de Tony –Tonito, Guerre, Nene–, (1) no se deja vencer por la aflicción, y va de un lado a otro salida y olvidada de sí, ocupada y preocupada por su prójimo.

La imagen que percibimos de ella, al oírla hablar en vivo o por la radio, o al verla por la televisión, es la de una persona sensible, que se emociona con facilidad. ¡Ojo! Detrás de esa tierna dulzura se esconde una férrea voluntad. Ella no solo se emociona, sino que se mete, pega el hombro y soluciona los problemas de los demás.

Acogió gozosa nuestra propuesta de conversar sobresu hijo a las puertas del Día de las Madres, porque, según expresó, «esta es una entrevista noble». No imaginamos que nos descubriría tantas verdades, desde que es una mujer presumida, que se arregla y cuida mucho su aspecto exterior, hasta que se siente muy joven por dentro, tan joven como nadie es capaz de imaginar…

 

Mirta Rodríguez, mamá de Tony Guerrero

Casada y con dos retoños

Tony nació en EE.UU. ¿Es cierto que usted había viajado a ese país gracias a la solidaridad de peloteros y aficionados yanquis?

Así es. A fines de los años cuarenta, el papá de Tony (Antonio Guerrero padre, 1932-1970) jugaba como short-stop, torpedero, del club Loma Tennis de la pelota amateur cubana. Por entonces venían a Cuba muchos scouts, exploradores de talentos, que propiciaban la inserción de peloteros jóvenes en las ligas americanas, y lo contrataron para que jugara con el club San Angelo (liga semiprofesional), radicado en el pueblo (homónimo) del Estado de Texas (a 205 kilómetros al noreste de México)…

 

Perdone: cuando Tony padreviajó a San Angelo, ¿ya era su esposo?

No, éramos novios. Nos comprometimos en 1948, él viajó a San Angelo en 1950, y solo en marzo del 52, nos casamos. Pero después de la boda él regresó a Texas, empezaba el campeonato, y ahí fue cuando los aficionados tuvieron aquel gesto conmigo.

 

¡Cuéntenos, por favor!

Debido a sus obligaciones tuvimos que separarnos a los 20 días de casados. Él decía que ese iba a ser su último año en Estados Unidos, que si le proponían jugar en Big Spring o en Odessa (ubicados a 130 y 190 kilómetros al noroeste) no lo aceptaría. Pero se accidentó en un speed-training, entrenamiento de la velocidad, se hizo un esguince, y no pudo iniciar la liga. Entonces los seguidores del club, viéndolo accidentado, él iba al estadio con la pierna enyesada, y sabiendo que estaba recién casado, hicieron una colecta para que la esposa fuera a atenderlo. Así yo viajé a Texas, en verdad con cierta demora, los trámites se alargaron, y al llegar ya él estaba compitiendo de nuevo. En San Angelo tuvimos a Maruchi (María Eugenia Guerrero, hermana de Tony, 1956) y luego, en 1957, nos establecimos en Miami, donde nació Tony, el 16 de octubre de 1958.

 

¿El de Tony fue un parto rápido o dilatado?

(La pregunta la alegró.) ¡Fue un expreso! Esa mañana yo lo presentí, y se lo dije a mi mamá, que había venido a acompañarme, y a mi esposo, para que estuviese atento (ya él no era pelotero). A la una de la tarde lo llamé al trabajo, «tengo contracciones», ¡y a las dos y diez nació Tony! Llegué al Jackson Hospital dando voces en mi precario inglés, «¡water!, ¡please!, ¡please!, ¡baby!», como diciendo, «¡rompí la fuente!, ¡rápido!, ¡por favor!, ¡mi hijo ya viene! Y entre el chapuceo y el corre-corre… ¡zas!: ¡di a luz a Tony!

 

¿Era lindo, feo, pelón, peludo, gordo o flaco?

(Su alegría se hizo confidencia.) Cuando me lo trajeron yo pensé: «¡Me lo cambiaron, esto no es mío!» ¡Era prieto, indio, qué sé yo! ¡Con unos ojos que se le salían de la cara y una bemba..! Los ojos siempre fueron de su papá, lo que sí era mío eran los labios gruesos. ¡Y flaaaaco, laaaaaaargo! ¡Uy, Dios mío, qué feito estaba mi hijo!

Antonio Guerrero, Héroe de la República

 

Con la esperanza de verlo

 

¿Pero fue un niño bueno o maldito?

Siempre fue un niño bueno, pacífico, plácido, lo crié con mucha facilidad. Lo que nunca toleró fue tener hambre, se ponía furioso cuando la comida no estaba a su tiempo.

 

¿Próximo a cumplir 47 años, sigue siendo un niño bueno?

La nobleza no lo ha dejado nunca. Ojalá que lleguen a conocerlo. Si al regreso de Tony se comprueba que todo lo que yo he dicho sobre él es incierto, entonces podrán hacer un trabajo especial: «La madre más mentirosa que vimos en los días de nuestra vida.»

 

¿Qué tiempo hace que no lo ve? ¿En qué momento Estados Unidos decidió que los trámites de entrada a ese país para visitar a su hijo debía realizarlos sin ayuda del MINREX?

No veo a Tony desde diciembre de 2003. Yo estaba en Colorado Springs, preparándome para la última visita de esos días, y cuando llegué a la prisión de Florence (a poco más de 50 kilómetros) me avisaron de su trasladado al hospital. Pensé en una urgencia. Regresé a Cuba a fines de ese año, y en enero de 2004 entregué mi planilla en el MINREX, quería viajar de nuevo, bien pronto, habían operado a mi hijo de una hernia inguinal. Ahí llegó la notificación: los familiares de los Cinco debíamos hacer los trámites personalmente.

 

¿Inició el papeleo?

Entre febrero y marzo de 2004 dejé todo listo. Pasaron unos tres meses, y cuando pensé que me darían la visa, me llamaron de la Oficina de Intereses para tomarme las huellas dactilares de mis 10 dedos, por lo que debí pagar 85 dólares. ¡! Un mes después, en julio, me citaron de nuevo: las huellas no habían quedado claras. ¿? Cuatro meses más, el primero de noviembre, me convocaron por tercera vez para tomarme impresiones: según un nuevo sistema, ahora solo se necesitan las huellas de los dedos índices…

 

¿No le informaron cuánto más podría demorar el trámite?

La empleada que me atendió en la ventanilla me dijo que entre 30 y 40 días. Yo hice mis planes. Calculé que en la primera quincena de diciembre de 2004 ya tendría la visa. Pasó la fecha y puse la vista en el fin de año; pasó el fin de año y me esperancé en el año nuevo; pasó el año nuevo, pasó enero, pasó el 14 de febrero, día de los enamorados, pasó el 8 de marzo, día de la mujer… A Tonito (20 años, hijo mayor de Tony Guerrero), que se había presentado conmigo aquel primero de noviembre, lo acaban de llamar para que recoja su visa, y debe de viajar en abril (2005). Pareciera que mi problema va a resolverse, pero en un plazo indefinido, y esa incertidumbre es molesta, no pierdo las esperanzas, aunque ya no escogeré más fechas, no conduce a nada.

 

Lo ideal sería que usted viajara con Tonito.

Sería un apoyo, por mi edad, en mayo cumpliré 73, y porque estoy operada de la cadera. Sin embargo, todavía estoy capacitada para viajar sola.

 

Contagiados con su espera exasperante, seis días después de la entrevista la llamamos por teléfono: Mirta, ¿todo igual?

¡Les tengo una noticia¡ ¡Al segundo día de la visita de Alma Mater me llamaron para que pasara a recoger la visa, espero poder viajar en abril con mi nieto Tonito!

 

Cargada de paciencia

Usted habló de no escoger más fechas y tenía razón: aquí la única escogida es usted.

¡Nooo! ¡¿Cómo es eso?! ¡Soy una más! ¡Una entre tantas!

 

De ningún modo: no a todas las mujeres les toca caminar ese vía crucis. Escogida, elegida o no, usted está cumpliendo una misión extraordinaria.

Pero en la misma situación, están las madres y mujeres de los otros cuatro compañeros, cada una, con sus características, enfrenta las condenas injustas… Esto es algo que la vida me ha puesto como meta. Cuando se es revolucionaria y madre de un hijo que siempre defendió esos principios, una se siente orgullosa y obligada. Nosotras tenemos una mezcla de honor y de dolor. Yo relego mi sentimiento, mi dolor, para mantenerme al frente de la lucha. Hasta ahora prevaleció mi entereza.

 

Para Tony debe de ser difícil: amén de rumiar su propia impotencia, padecería este dolor suyo, el dolor de su madre.

Y ha tratado de aliviármelo de los modos más sutiles. Recuerdo cuando lo recluyeron en Miami y yo permanecí dos meses en la ciudad. Una emisora transmitía los domingos un mano a mano entre dos intérpretes, y los radioyentes llamaban por teléfono, «voto por fulano, voto por mengano». Tony me telefoneaba: «Hoy el duelo está duro, son dos de nuestros favoritos.» Y yo, sabiendo que a él siempre le gustó la música de Julio Iglesias: «Le voy a Roberto Carlos.» Así nos manteníamos unidos durante el tiempo que duraba el programa, él desde su encierro, y yo en la casa. Era una forma que él hallaba para alejarme de lo que la prensa decía sobre ellos, y una prueba del grado de paciencia y romanticismo con que ambos nos tratamos en medio de la adversidad.

 

Revestidos de paciencia, usted y Tony han sabido ocultar su dolor.

Si bien han sido momentos duros, que no se olvidan, que son parte de una historia, que están aquí (se tocó el pecho), no tenemos derecho a aferrarnos a ellos, porque entonces no podríamos vivir, ¡eso no sería vida!

 

Ella es la que es

Con todo, usted vivió un tiempo delicado, una época en que solo se preguntaba por qué castigaban así a este hijo suyo y a su madre.

En un momento me sentí depresiva. Tenía tantos papeles de Tony, tantos objetos, tantos recuerdos, que de pronto me dije: «¡Esto es todo lo que tendré de mi hijo!» Luego aprendí a mirar con más objetividad. Este es un caso político y siempre será tratado así. Ojalá no pasen muchos años antes de que Tony y sus compañeros vuelvan: ¡en ello les va su juventud! Otros pasaron gran tiempo en prisión, mas tuvieron fe y vida para alcanzar la libertad. Ahí tenemos a Nelson Mandela: después de padecer lo indecible llegó a alcanzar la presidencia de Sudáfrica.

 

Si Tony entrara ahora mismo por esa puerta, de regreso a casa, ¿qué le cocinaría?

(Los ojos le brillaron.) A él le gusta mucho el hígado a la italiana, y el arroz amarillo…

 

Si no fuese hoy héroe de la República, si viviese, sin más ni más, en Santiago de Cuba, en la ciudad de Panamá o en Miami, ¿hablaría igual de Tony, lo querría igual?

¡Ay, ¿cómo se les ocurre hacerme esa pregunta?! A mis dos hijos y a mí siempre nos unió un vínculo muy fuerte, y en el caso de Tony nuestro amor nos llevó a comprender, cada uno, las decisiones que tomaba el otro. Para mí fue importante, por ejemplo, contar con el apoyo de mis hijos cuando decidí casarme por segunda vez. Es común que en ese trance el hijo varón se muestre más egoísta. Pero yo nunca sentí el egoísmo de Tony en relación con ese o con otros de mis pasos, y así acepté las lejanías que sus relaciones sentimentales en Santiago, en Panamá o en Miami, interpusieron entre nosotros.

 

Queremos publicar este trabajo por el Día de las Madres. ¿Compartiría con nosotros uno de los poemas que su hijo le escribió a usted, su «madrecita del alma querida»?

(Desató un legajo y escogió un papel.) Tony me envió esta composición que, aunque no es nueva, conserva vigencia. Se titula Madre y dice: «Madre, tú me traes la paz./ Aquí tengo la verdad./ Por inderruibles puentes/ llegas a mi soledad./ Mis ojos grandes y nobles/ a diario recordarás./ Por verlos llenos de dicha/ cuánto has hecho, cuánto harás./ Sin resentimiento empuñas/ la mano del corazón./ Tu blanda voz sube y pide/ un espacio a la razón./ Solo hacíamos el bien/ y quisimos solo amor./ Pero qué le importa al odio/ mi inocencia y tu dolor./ No desfallezcas ni sufras,/ no dejes la pena entre./ Se feliz porque soy fiel/ y procedo de tu vientre./ (2)

 

Esta ha sido una entrevista embarazosa. La hemos hecho avanzar tratando de no herir su sensibilidad. Resta una ingente labor de transcripción, edición y redacción…

El periodismo cuenta con vastos recursos, mas para que ustedes logren su propósito y plasmen mi sentir, les aconsejo que reflejen el lado humano y no se pongan a fantasear: la gente se daría cuenta. Hay quien, sin querer, deforma, y hay quien escribe una novela. A mí me gustan las cosas reales, aquí les di a conocer quién soy, cuál es mi forma de ser, les dije muchas verdades. Por favor, tomen lo auténtico, de modo que cualquier familiar, amigo o conocido, al leer el texto, reconozca que soy yo la que estoy hablando.

 

Notas:

(1). Condenado a cadena perpetua, más 10 años, por los cargos de conspiración, espionaje, y agente extranjero.

(2). Fechada a 13 de febrero de 1999, figura entre las obras que en este 2005 recibiera la madre de su hijo. Así le escribe Tony a Mirta: «…Lo que iba a ser una práctica de la caligrafía, se convirtió en un trabajo con todas mis décimas…» Y continúa: «Verás aquí el inicio de mis obras plásticas, todas con acuarela, la idea es que puedan servir de algún mensaje, o para acompañar a los poemas…» Para concretar la idea de Tony, la tapa de la presente edición de Alma Mater reproduce la primera de esas composiciones, hasta hoy inédita, cifrada por su autor con el número uno. El facsímil del título de la obra, «Llegando a Santiago», igual refleja el fruto de aquella otra nueva ocupación de Tony, la caligrafía, arte de escribir en el que comenzó a ejercitarse hace solo unos meses.

 

Julio / 2005

 

Fuente: Alma Mater. Revista Digital de los Universitarios Cubanos